Artículo / Cultura

El otro final de... Reservoir Dogs

De la obligación de vestir de Armani solo estaba exento el hijo del jefe, Edie, que prefería un chándal Nike azul eléctrico que cantaba desde cualquier parte de la calle. Al señor Blanco no le gustaba ese tipo de favoritismos, pero en materia de indumentaria Joe era muy estricto. Ya sé que mi hijo parece recién salido de Costa Polvoranca, se justificaba a menudo, pero es mi hijo y tengo que aguantarlo.

Ni siquiera el fatídico día del golpe quiso Edie quitarse el chándal y se presentó en el almacén de joyas vestido como un poligonero. La cosa salió mal: el señor Azul murió en el acto después de recibir un balazo en la cabeza; el señor Rubio, el señor Blanco y el señor Rosa llegaron al punto de encuentro ilesos; no así el señor Naranja, policía infiltrado, quien poco a poco iba desangrándose mientras nadie se decidía a llevarlo al hospital. El señor Marrón, que era poco espabilado, quedó grogui después de estampanar el coche durante la huida. Edie y su padre llegaron a toro pasado, muy gallitos, para, en un ataque de chulería, sacar las pipas y liarla parda.

Pero el tiro les salió por la culata, nunca mejor dicho, y en aquel garaje no quedó ni el Tato. El único que pudo escapar fue el señor Rosa, ése que no creía en las propinas y que, gracias a su instinto de superviviente, consiguió largarse con el botín después de esconderse debajo de la rampa.

Le costó desprenderse de su traje de Armani, incluso dudó en llevarlo a la tintorería, no siendo consciente todavía del pastón en diamantes que llevaba en la bolsa. Fue un tal Hu Fa Liu, conocido tasador de la mafia china, quién le informó del valor estimado. El señor Rosa pasó a ser entonces Mr. Black. Nada de mariconadas, dijo.

Con el dinero no supo qué hacer en un primer momento. Su manera de pasar desapercibido consistió en hacer grandes fiestas en su nueva mansión de Miami donde corría el alcohol y las drogas con total desinhibición.

Y ya cuando se había acostumbrado a su nueva vida, alguien del pasado se presentó en la puerta de su casa. Mr. Black, que volvió de manera fulminante a ser el señor Rosa, abrió con su típica camisa hawaiana desabrochada. La expresión cambió al sentir en cañón de un revólver apoyado en su frente.

He venido a por mi parte, le dijo el señor Naranja. Y sin esperar contestación le disparó en el abdomen. La alfombra blanca poco a poco se iba tiñendo de rojo mientras el policía, con toda la tranquilidad del mundo, se sentó en un cómodo sofá y dijo: Ahora me toca a mí esperar a ver cómo la palmas.

Texto: Rafa Caunedo

También te recomendamos

¿Por qué nos enganchan las series?

No eres un adicto a las series, tranquilo, que tu salud está en buena forma, solo te encantan muchísimo las series y estos son los motivos.

¿Por qué los Oscar son la mejor gala de cine del año? Estos momentazos tienen la respuesta

En Los Oscar nunca sabes con qué te van a sorprender. Ahí está la magia del cine y del espectáculo. Estos momentazos se merecen un premio. Los actores saben cómo interpretar su mejor papel.

Cuéntanos algo