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El otro final de... Magnolia

Que en el Valle de San Fernando y en la ciudad de Los Ángeles llueven ranas es algo que todo el mundo sabe. Sin embargo, cuando Jimmy Gator, presentador del programa de talentos con más audiencia de la televisión, le preguntó al niño prodigio Stanley Berry sobre la razón de ello, este no supo qué responder y perdió el premio final. Su padre, en represalia, le obligó a limpiar el jardín y la piscina hasta que no quedara un solo batracio por allí.

Magnolia- Lluvia de ranas

Stanley, que era un negociador nato, engañó a la mitad de sus amigos para que hicieran el trabajo por él. A cambio, se comprometió a descargar durante dos días todos los juegos que quisieran. Fue tal la avalancha de solicitudes, que saltó la alarma en el ordenador central de la brigada antipiratería en el departamento de policía de L. A., a cuyo mando estaba Jim Kurring.

El bueno de Jim cenaba en esos momentos con su nueva novia, Claudia, un ser pavisoso y traumatizado, a la que le costaba Dios y ayuda costearse tanta coca como se metía. Jim, empeñado en sacarla de las drogas, empezó a salir con ella más por pena que otra cosa. Cuando sonó su móvil, Jim enroscaba unos suculentos spaghetti alla piemontese en el restaurante de su amigo Yango Cottone.


Terminó la cena con un último trago de vino e invitó a Claudia a acompañarle a la central para resolver un ‘asuntillo’, y luego llevarla a su casa para hacer eso que estás pensando. Sin embargo, la gran cantidad de ranas que había sobre el asfalto hicieron que en la esquina de Main con la 6th el coche derrapara cambiando de carril. A ellos no les pasó nada, pero el conductor de la ambulancia contra la que chocaron salió despedido por la ventanilla, quedando inconsciente junto a un montón de ranas. El paciente al que trasladaba no sufrió daño alguno.

El conductor era Efraín Pineda, un pucelano que llevaba seis meses en Los Ángeles probando suerte en los castings de Hollywood. Su accidente fue noticia en la sección de sucesos de un periódico de Bel-Air, el mismo que hojeaba Jay Leno mientras le maquillaban para hacer su late night diario. Fue tal su impacto que pidió que localizaran al tal Efraín para entrevistarle en su programa.

Efraín Pineda consiguió poca audiencia, pero su cara de bueno y su acento de Valladolid ablandaron el corazón de un productor de series de Disney y le dio un pequeño papel.
Hoy Efraín es ya famoso; mis hijas, sin ir más lejos, le adoran. No paran de ver sus series y cantar sus canciones, hasta han llenado las paredes de sus habitaciones con sus fotografías. Mi mujer y yo no sabemos qué hacer, esto nos supera. Por favor, si algún padre se encuentra en la misma situación que nosotros, le ruego se ponga en contacto conmigo. Gracias.

Texto: Rafael Caunedo
Foto: New Line Cinema

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