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El otro final de... El Gran Lebowski

A cualquiera le tomarían por loco si hiciera la compra en albornoz. Al ‘Nota’, no. El ‘Nota’ es el ‘Nota’ y puede hacer eso y cuantas cosas quiera. Es un buen tipo que no quiere problemas. Tan solo le pide a la vida tres deseos: que jamás se rompan sus cintas de la Creedence Clearwater Revival, que siempre tenga a mano un cóctel Ruso blanco (caucasiano para los amigos) y que alguien ponga en su sitio al ‘julandrón’ de Jesús Quintana.
El Gran Lebowski
¿Acaso no debería estar prohibido jugar a los bolos con una redecilla en el pelo? ¿Cómo es posible que alguien tan repulsivo pueda llegar siempre a la final del torneo anual?
Para Walter y el ‘Nota’ había llegado el momento de la venganza. Ese año, por primera vez, también ellos lo habían conseguido.

Dos días antes de la final, Maude Lebowski, la hija del magnate, le dijo al ‘Nota’ que esperaba un hijo suyo y, puesto que ambos compartían el mismo apellido, le preguntó si le importaba que el crío se llamara Lebowski Lebowski. El ‘Nota’ se bebió cuatro caucasianos antes de contestar.

—Lo haré si te casas conmigo.

Maude Lebowski era artista avant-garde, de manera que el ‘Nota’ no sabía muy bien dónde se estaba metiendo. Él era un vago recalcitrante y ella una pirada con ínfulas de genio, una combinación que no auguraba un futuro tranquilo para el niño.

Maude aceptó, pero lo primero era lo primero: acabar con Jesús Quintana en la final. Después ya sacaría tiempo para minucias.

Para la final, el ‘Nota’ lavó por primera vez en semanas sus bermudas de cuadros y Walter se presentó con su habitual chaleco de pesca. De todos era conocido lo zumbados que estaban los dos: uno pacifista y el otro dispuesto a defender el honor de sus compañeros caídos en el barro de Vietnam.

Por la puerta apareció Quintana, marcando paquete más que nunca, dispuesto a darlo todo. La final del torneo de bolos la seguían cuatro ‘mataos’ en toda la ciudad de Los Ángeles, y los cuatro estaban allí, mirando alelados, bebiendo zarzaparrilla y comiendo gominolas.

La cosa empezó bien pero terminó fatal. Palmaron por la mínima: un puñetero bolo, uno solo quedó en pie dando la victoria al engendro, que, al son de los Gipsy Kings, interpretó uno de sus famosos pasos de baile. Aquello fue superior a las fuerzas de Walter que, ante semejante recochineo, le fue dislocando uno a uno los dedos con los que el cubano lanzaba la bola.



Walter se pasó diez meses haciendo trabajos sociales para la comunidad. Jesús Quintana jamás volvió a ser el rey de las pistas. Maude y el ‘Nota’ tuvieron un niño al que llamaron Donny, en honor a su amigo, el insulso, que murió de un infarto justo antes de la final.

El ‘Nota’ sigue igual que siempre. Me encanta este tío. Es auténtico. Su matrimonio duró un telediario. Su hijo, Donny Lebowski Lebowski, es el actual encargado de desinfectar los zapatos de la bolera.

Texto: Rafael Caunedo
Imágenes: Polygram Filmed Entertainment/Working Title Films

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