Artículo / Cultura

El otro final de... HER

El otro final de... HERYo ya vivo en el futuro. Aquí los tíos vamos todos con bigote y gafas de pasta y no nos da ningún apuro llevar pantalones de tiro exageradamente alto, tan alto que pasa del ombligo. Vamos por la vida de esta guisa, todos con cara de hipster reciclado, a pesar de que los hipster ya están pasadísimos de moda.

Así también va Theodore, caminando por la calle con cara de embobado y, en apariencia, hablando solo. Y digo en apariencia porque en realidad está hablando con Samantha, su nuevo IOS1. Básicamente, el IOS1 es un sistema operativo personalizado que lo está petando. El de Theo se llama Samantha, cuya voz juguetona ha encandilado a mi amigo hasta el punto de estar perdidamente enamorado de ella.

Se comunican a través de un pinganillo. En el futuro, los hombres no somos nadie sin nuestro pinganillo (el de la oreja, aclaro). Si por cualquier motivo (ya sea caducidad, batería agotada u obsolescencia programada) el pinganillo deja de funcionar, entramos en pánico.

Y Theo más que nadie.

Tuve un amigo que también se enamoró de su sistema operativo, aunque nunca llego al extremo de acostarse con él. Theo sí, pero no salió bien.

Lo malo del sexo con un IOS1 es que tienes que tener bien abastecida la imaginación… y tener mucha mano izquierda. A Theo eso no le molaba nada, así que un día Samantha contactó con una mujer de carne y hueso, con pecho y todo eso, para que hiciera el amor con él mientras ella le susurraba sus deseos perversos a través del pinganillo. Y Theodore, claro, flipó con la propuesta, aunque accedió cuando abrió la puerta y vio a aquella mujer. No pasaba nada por probar.

La cosa fracasó.

En el fondo sigue enamorado de Katherine, a la que sólo le une una simple firma en los papeles del divorcio. Pobre, está hecho un lío.

Es un tipo especial, la verdad. Compartimos mesa en una oficina en la que escribimos cartas. Las mías son terriblemente sosas porque las escribo con voluntad mecánica y estructura estandarizada. Las suyas son, en cambio, gloriosas. Hasta me emociono al recordarlas.

Y eso mismo le ha debido pasar a un editor que está dispuesto a publicarlas. Hoy, por fin, es la presentación del libro en Manhattan. Vendrá lo más granado de la sociedad intelectual neoyorkina. Sería un acto de relumbrón si no fuera porque Theo no va a asistir. Odia la popularidad, así que iré yo en su lugar. Por eso no te alarmes si mañana ves mi cara en la portada del New Yorker. Me he dejado barba espesa, pelo largo y llevo una gorra negra que me compré en Quebec, una de esas que te da aspecto de ser más interesante de lo que eres. El agente de Theo está encantado con mi imagen.

En fin, no sé, ya veremos qué pasa esta tarde. Lo que no sabe Theo es que a Samantha le gusta más mi look que el suyo y lleva unos días insinuándose a través de mi pinganillo… y yo no soy tan milindres como Theo.


Texto: Rafael Caunedo
Imágenes: Sony Pictures/ Annapurna Pictures.

También te recomendamos

¿Por qué nos enganchan las series?

No eres un adicto a las series, tranquilo, que tu salud está en buena forma, solo te encantan muchísimo las series y estos son los motivos.

¿Por qué los Oscar son la mejor gala de cine del año? Estos momentazos tienen la respuesta

En Los Oscar nunca sabes con qué te van a sorprender. Ahí está la magia del cine y del espectáculo. Estos momentazos se merecen un premio. Los actores saben cómo interpretar su mejor papel.

Cuéntanos algo