Artículo / Cultura

El otro final de... El Hombre Tranquilo

Yo de mayor quería ser Sean Thornton y volver a la casita de mis padres en Irlanda para ligarme al pibón del pueblo. Qué manera de besar la de este hombre: impetuoso, homérico, así no hay pelirroja que se resista.

Mary Kate Danaher, ese tipo de mujer que da una bofetada capaz de matar a una oveja para luego entregarse a un beso largo y jugoso capaz de resucitarla. No hay nada como dar un par de gritos para despertar la pasión. Puro genio. Iba para solterona hasta que llegó Sean.

Sean Thornton, ex boxeador atormentado. 1’92 metros de músculo. Buena gente. De Pittsburg. Un yanki con un punto de sofisticación que pronto dejó huella en el corazón de Mary Kate.

En medio su hermano, Willy Danaher, grande y bruto, cuyo mérito más destacable es el de ostentar el record de ingesta de whiskey en la taberna de Cohan hasta perder el conocimiento. El día que lo batió yo estaba allí, pero no me acuerdo de nada. Dicen que Sean quedó segundo.

Sean y Willy son amigos íntimos, pero no siempre fue así. De hecho se odiaron hasta el día de la gran pelea. En Innisfree solucionamos las cosas a guantazos, por eso yo soy el raro del pueblo. Los escritores no somos de fiar porque hablamos mucho y no tenemos ni media hostia. Tengo asumido el papel de mediador cuando surge algún problema, algo así como un juez de paz pero a lo rural: tan solo tengo que pintar con cal un cuadrilátero en el suelo y dejar que los dos contendientes diriman su conflicto. Lo habitual es que tenga razón aquel que mantenga más dientes al terminar.

Supongo que se estarán preguntando qué papel tengo yo en esta historia. Llegué a Innisfree un verano desde España buscando ambientación para una novela. Un día, por casualidad, conocí a Maureen mientras leía en el río. Me enamoré rápido. Ella no. Le parecí poca cosa —no soy nada homérico—, pero mi perseverancia tuvo su recompensa. Dos años más tarde me casé con ella. Sean y Mary Kate son ahora mis suegros y desde el día que pasé a formar parte de la familia Thornton nadie ha osado a llevarme la contraria, sabedores de que los puños de Sean siempre tienen razón.

Soy feliz aquí, pero no se lo digan a nadie, que luego Innisfree se llena de turistas.


Texto: Rafael Caunedo
Imágenes: Republic pictures Wikipedia (dominio público)

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