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El otro final de... Sospechosos habituales
El otro final de... Sospechosos habituales

Cuando el agente de aduanas Dave Kujan descubrió por fin quién era Kaiser Söze ya fue demasiado tarde. Salió a la calle a toda prisa con intención de detenerle al comprobar que la declaración que había hecho durante toda la mañana había sido pura invención. Maldijo y se acordó de la madre del farsante mientras el traficó absorbía el coche en que había huido con su chófer. Entonces, en un arranque de rabia, Kujan volvió a su despacho, sacó la foto de los cinco chorizos en la rueda de identificación y mandó recortar y hacer una copia con la cara del único de ellos que quedaba con vida. La foto fue distribuida por todas las comisarías del país, se colocó en las ventanillas de cada estación de metro y colgada en el tablón de anuncios de colegios y ayuntamientos. Söze se había convertido en el objetivo número uno. Nadie se reía del agente Kujan.

Nadie salvo su mujer, Brenda, que en ese mismo momento sacaba dos billetes de avión en una agencia de viajes dispuesta a abandonar a su marido y cambiarlo por otro hombre que le molaba más. Brenda y Kaiser Söze se conocieron durante el robo a una gasolinera en 1999. Cuando Brenda estaba dispuesta a pagar el repostaje de su Ford, entró un hombre encapuchado apuntando con un revólver al empleado, quien acostumbrado a los asaltos, sacó la recaudación con toda tranquilidad. Para huir, Söze obligó a la mujer a llevarlo a la ciudad porque él no sabía conducir. Se le veía tranquilo sentado en el asiento del copiloto, mirando con disimulo las piernas de Brenda que asomaban bajo la minifalda. Su acento alemán y la voz varonil templaron los nervios de la situación y terminaron hablando del tiempo. Kaiser resultó ser un tipo agradable y divertido, por lo que Brenda le dio su teléfono. Formaron los dos una de las parejas de ‘asaltagasolineras’ más famosas de la historia de los Estados Unidos y jamás les pillaron. Nadie sospecharía de la mujer de un policía tan prestigioso y eficiente como Dave Kujan.

Con el tiempo, cansada de aquellos asaltos de poca monta, Brenda quiso dar un golpe definitivo y dejarlo todo. Conocedora de la clave de acceso del ordenador de su marido, se enteró de una operación de tráfico de drogas en el puerto de Nueva York en el que iba a haber en juego 69 millones de dólares. Planeó todo al detalle junto Dean Keaton, Fenster, Michel McManus, Hockney y Verbal.

Durante la operación, Brenda solo tenía que conducir la camioneta y llevar el dinero a sitio seguro mientras los demás se las apañaban con los traficantes. Aparentemente todo salió mal ya que solo Verbal salió con vida. Mientras Brenda esperaba con el dinero, Verbal declaraba en el despacho del agente Kujan inventándose una historia tan creíble que todos la dieron por cierta.Brenda y Kaiser Söze, en adelante Sussanne y Klaus Süsnick, viven ahora en un pueblecito de Austria, en el Tirol, contando ovejitas. El tenaz Deva Kujan lleva meses asistiendo a terapia intentando salir adelante con su frustración.

Texto: Rafael Caunedo
Foto: Polygram Films Entertainment / Spelling Films international
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