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El otro final de… American Beauty
El otro final de… American Beauty
De nada sirvió a Lester ponerse tan cachas. Angela, la adolescente rubita amiga de su hija, poco pudo disfrutar de aquel cuerpo trabajado a base de pesas y mancuernas en el garaje de casa. Al pobre Lester lo mató su vecino, Frank, un coronel marine retirado traumatizado por no poder salir del armario. Se plantó un día en su casa, justo cuando Lester estaba a punto de enrollarse con Angela, y le disparó en la nuca.
El disparo lo oyeron cinco personas, excluyendo, por razones obvias, a la víctima: Ricky y Jana, ambos haciendo ya las maletas para fugarse de casa y largarse a Nueva York; Angela, haciendo tiempo en el baño después de reconocer a Lester que era virgen; la mujer de Lester, que justo en ese momento llegaba a casa dispuesta a cargarse a su marido; y por último, claro, su asesino.
A raíz de aquel episodio, las dos familias quedaron desmembradas. Por un lado la de Lester, con su mujer como una regadera y su hija en plena fuga con el hijo de su asesino. Por otro, la de Frank, con su mujer peor que la otra y con su hijo en fuga con la hija de su víctima.



Un lío de c...
El caso le tocó al sargento McFly, que durante toda su vida ha tenido que soportar la coña de su apellido al compartirlo con el de Regreso al futuro. Que no, joder, que no es mi padre. Nadie en la comisaría quería llevar aquel caso, así que, mediante un sorteo amañado, le cayó al pánfilo de McFly.
El mismo día del asesinato se personó en todas las casas de los alrededores. Al carecer de instinto policial, no sacó conclusión alguna. Tan solo hubo algo que le hizo dudar: las manchas de sangre que el marine llevaba en su camiseta y la pistola que estaba al lado del microondas con olor a pólvora. Era evidente que el coronel quería que le enchironaran, pero tuvo la mala fortuna que fuera precisamente McFly el que dirigiera la investigación.
La sangre en su ropa, el informe concordante de balística, las huellas de barro en la casa de Lester, la nota del propio Frank autoinculpándose…. Nada, todo eran meras suposiciones para él.

—¡Que he sido yo, coño! —grito alterado el coronel.

Le cayeron unos cuantos años, aunque se libró de la perpetua al tener en cuenta el jurado su historial militar y sus servicios a la patria.
El poco juicio que le quedaba lo perdió al poco de entrar en la cárcel. Claro que, bien mirado, no fue lo único que perdió. Fue en la lavandería de la prisión federal donde Frank salió definitivamente del armario. Ya no tiene ningún problema en reconocerlo, por lo que hoy pasea su pluma sin ningún pudor contoneándose por el comedor.
De Ricky, Jana y Angela no sé nada. Lamentablemente los tres quieren olvidar su pasado. Tal vez llame a McFly para que los busque.

Texto: Rafael Caunedo
Foto: Dreamworks Pictures
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