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El otro final de... sueños de un seductor
El otro final de... sueños de un seductor
El día que me enteré de que Allan Felix hablaba con Bogart comprendí que nuestra amistad estaba justificada por compartir ciertos delirios. Si bien él prefiere a Rick, el héroe de Casablanca, yo tengo predilección por Jep Gambardella, el de La gran belleza, lo que nos coloca confrontados a menudo, aunque no por ello hayamos discutido jamás.

Sueños de un seductor- Woody Allen

Una noche, incluso, cenamos los cuatro en mi casa.

En materia de mujeres, Rick es demasiado dominante, todo lo contrario que el pobre Allan, que es incapaz de proponer un solo restaurante para cenar. Él se deja llevar. Jep y yo le animamos todo lo que podemos, pero ambos sabemos que sus neurosis resultan muy poco atractivas.

Jep ha intentado varias veces cambiar su vestuario, pero Allan dice que en San Francisco no eres nadie sin una buena camisa de franela. Vive aún anclado en el rollo hippie. Hace todo lo que haría un hippie menos fumar hierba, oír a la Credence, llevar el pelo largo y hacer el amor con cualquiera que aparezca en tu tienda de campaña. En el fondo, lo que le pasa es que quiere ser otro y no puede.

Yo tampoco estoy en disposición de ir dando consejos, que bastante tengo con lo mío. Tampoco tengo pareja estable (inestables sí, muchas, continuamente, de hecho todas son inestables) y en el fondo también quiero ser otro, un Gambardella cualquiera… y tener su ático en Roma.

En fin, a lo que vamos.

Hoy voy a presentar a Allan una amiga de una amiga. Como ya he agotado a las amigas, ahora tengo que recurrir a las amigas de mis amigas, lo que dificulta mucho la labor de conseguirle pareja. Primero lo intento yo, y si no funciona, se las paso a él.

Y hasta ahora no ha funcionado ninguna.

Las relaciones personales son muy complicadas. Sin embargo, la gente parece ser feliz en la calle. Allan y yo debemos ser de otro planeta.

La de hoy es una dentista divorciada. Yo lo intenté con ella la semana pasada, pero me desconcertaba su manera de mirar mis dientes. Sería incapaz de vivir con alguien que me obligara a hacerme el waterpik cada noche antes de acostarme. Espero que a Allan no le importe.

He pedido a Jep que dé su toque personal a la decoración de mi apartamento y que luego se vaya. No quiero que desconcentre a Allan con su refulgente chaqueta amarilla. Me ha llenado todo de velas e incienso. Cuando se ha ido lo he sacado todo a la terraza por miedo a morir ahogado. Mi vecino de enfrente, el budista, está flipando con la humareda.

Vaya, parece que ya están aquí. Perdóname, te tengo que dejar, espero que, si no funciona, al menos consiga una rebajita en las revisiones dentales de cada año.


Texto: Rafa Caunedo
Imágenes: Paramount Pictures
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