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Winston Coen, el portero manco
Winston Coen, el portero manco
«El fútbol es el juego más difícil del mundo porque se hace con los pies obedeciendo a la cabeza… y miren la distancia que hay», dijo el ex futbolista argentino de mediados del siglo XX Ángel Labruna. La frase es en general muy válida. La mano voluntaria en el fútbol está muy mal vista porque es sinónimo de trampa.

Precisamente un compatriota de Labruna fue quien llevó la indignación por la mano a cuotas que ni antes ni después se verían. La famosa ‘mano de Dios’ de Diego Armando Maradona en las semifinales del Mundial México 86 desató la admiración de muchos fans por su picardía, pero sobre todo la furia de los ingleses por su engaño. La mano sólo es decente cuando se convierte en plural, manos, y quién las utiliza es el portero. Hubo un hombre que hace más de cien años, sin embargo, fue admirado por ser portero y utilizar una sola mano. No podía ser de otra manera. Winston Coen era manco.



En la Argentina de 1906 el fútbol pero estaba creciendo a gran velocidad influenciado por la migración europea. Uno de estos descendientes de emigrantes era Coen, en su caso de orígenes irlandeses. Gran aficionado al fútbol, fue uno de los fundadores del Barranca Athletic y también jugó en sus filas. Como decía Ángel Labruna el fútbol se juega con la cabeza y los pies, así que la falta de un brazo no suponía un problema para que Coen pudiera dar el nivel en un fútbol semiamateur. El problema llegó cuando el portero del Barranca fichó por el Alumni, uno de los equipos más fuertes de aquellos años.

El Barranca, un equipo con pocos recursos, decidió que la mejor manera de cubrir el hueco era adoptar la vieja filosofía del barrio: los jugadores de campo rotarían para ocupar la portería. Esta solución salomónica servía para los partidos más asequibles pero cuando el Barrancas se tenía que enfrentar a los mejores equipos nadie quería ser el tipo que había encajado un saco de goles. Cuentan que justo en el momento en que el Barranca se tenía que enfrentar al Alumni, donde había ido a parar su único portero auténtico, Coen dio un paso al frente y dijo: «Si queréis yo os echo una mano, ya sabéis que dos no puedo».

El experimento del portero manco no salió del todo mal en el primer partido. El Barrancas perdió 2-1. Las crónicas de la época, además, elogiaron la actuación de Coen. «Muchísimos remates atajó el manco Coe, por lo cual se hizo célebre, pues no es poca virtud desempeñar este puesto en que precisamente se hace uso de las manos, cuando no se posee una», se leía en una de ellas.

Coe duró dos partidos más en la portería. La cosa fue a peor. El segundo encuentro encajó cinco goles y en el último del portero manco 11. Pero por unas semanas Coe dignifico el nombre de la mano.

Imagen de Ángel Labruna: Wikipedia
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