Dónde tienes que viajar para probar las comidas más extrañas del mundo

Dónde tienes que viajar para probar las comidas más extrañas del mundo

6 Minutos de lectura


Siempre que vuelves a casa
me pillas en la cocina
guisando útero de gallina
con las manos en la masa...

 

Si eres de los que se niegan a comer partes raras, entrañas u órganos, tu estómago no está preparado para esta bizarra degustación.

Pero lo que para ti es extraño, para otro es un manjar. Si yo me encontrara con una tarántula XXL correría lo más lejos que pudiera, dando chillidos histéricos. Un indígena del Amazonas lo consideraría un golpe de suerte: la cazaría, la asaría y se chuparía los dedos con ella. Para este pueblo la “tarántula a l’ast” es un bocatto di cardinale.

Claro que igual de desconcertante puede ser para otras culturas ver todo lo que nos comemos del cerdo (¡y del toro!), cómo succionamos caracoles o que consideremos las gambas una exquisitez, con esas patitas de cucaracha.

Así pues, que una comida sea considerada “extraña” depende del factor cultural y el propio entorno. Por eso aquí es normal comer caracoles pero no caracolas de mar king size, porque no somos caribeños y nuestras aguas no están llenas de ellas. Sin embargo, comemos percebes y ostras (pagados a precio de oro), mejillones y otros bicharracos de mar que no son lo que se dice agradables a la vista.

Y luego hay países (como Japón) en los que no hay ningún tabú a la hora de comer: no importa cuántas patas tiene, si está vivo cuando llega al plato o si eso que llaman comida, se cuida y se domestica en otros lugares del mundo. Hay gente que se deleita con un pinchito de tráquea de cerdo o brinda con un cocktail de sangre de tortuga recién extraída. Gourmets para los que no importa qué parte o qué función tuviera eso que está devorando. “Si sabe bien, ¿qué más da?”, piensan.

Entre todas estas formas de entender la cocina hay todo un mundo y muchos kilómetros de distancia. Y es que cada región parece tener su plato estrambótico a ojos de los demás. Si eres un viajero consumado y acabas en alguno de estos destinos, vigila bien lo que te ponen en el plato; no sea que te estés comiendo al mejor amigo del hombre o “algo” fecundado.
 

Balut: embrión de pato en sus jugos (Filipinas)



Si los patitos os parecen adorables (de pequeños, no grandes y en confit con mermelada de arándanos) a ver de dónde sacáis las agallas para abrir el huevo -que han arrebatado a mamá pato- y comeros a su bebé, con su pico, sus alas y sus ojitos juzgando vuestro terrible comportamiento.

Ni siquiera creo posible volver a comer un huevo frito después de ver esto. Pero a los filipinos les encanta: es típico de los puestos callejeros de comida rápida, algo así como su hot dog.
 

Menú McPerro (China)




No nos atrevíamos a poner una foto con partes reconocibles, porque sabemos que muchos tendréis perro y nunca os lo comeríais.

Los chinos no son los únicos que consideran al mejor amigo del hombre un manjar: también los filipinos, camboyanos, vietnamitas, polinesios e incluso -sorpresa- los suizos. Sí, en los alpes es típico el Rottweiler (y también el gato).

Pero son los chinos los que más perro consumen y hasta celebran un festival gastronómico en “su honor” (Festival del lichi y la carne de perro de Yulin), para horror de los occidentales, que este año intentaron movilizarse a través de redes sociales y plataformas como Change.org para acabar con esta terrible costumbre (a nuestros ojos).
 

Esponjoso útero de gallina (Taiwan)



Al fin y al cabo, poco se distingue de los callos, eso que da tanta bajona cuando estás leyendo la carta de raciones en un bar. Puede que para algunos esten buenos, pero es cierto que hay comidas repulsivas por otros factores que no tienen que ver con el sabor. Como la textura. Prueba a decir “textura” mirando ese pinchito sin tener arcadas. En Taiwan son muy fans de este animal. De hecho, también se deleitan con la cresta del gallo o los huevos sin poner (así, como suena).

Barbacoa de cola de castor (EEUU)




Imagen: cannundrum.blogspot.com.es

“Allá donde vivieres come lo que tuvieres”, se podría decir viendo cómo en Alaska y en otros estados al norte de EEUU se pirran por la cola de castor: espaguetis de cola de castor, chili de cola de castor, sopa de castor… Y así podríamos pasarnos horas, como Bubba hablando de las gambas en Forrest Gump. Esto es lo típico que te comes en una hamburguesa y ni te enteras.
 

Kebab de camello (Marruecos)




Imagen:
www.dustonourshoes.com

Los camellos no son sólo el medio de transporte ideal para las zonas desérticas del país. También son un exquisito manjar tanto en Marruecos como en otros países árabes. Sus cabezas se colocan en los puestos del mercado para indicar que ahí se vende su carne, igual que hacemos aquí con las de los cerdos; y se cocina como cualquier otro animal: en albóndigas, hamburguesas, kebab...

Una vez más, el factor cultural pesa. Aunque habréis visto carnicerías equinas alguna vez en España, habréis notado que no exponen cabezas de caballos, a lo El Padrino.

Morcilla de órganos de oveja (Escocia)




Vacíe el interior del corderito (como ese que le miraba con ternura en el anuncio de Norit) y haga un sofrito con su pulmón, su hígado y su corazón. Todo bien picadito, con cebolla y muchas especias. Reserve. Tome el estómago del animal. Líbrese de su contenido y utilícelo como recipiente para la mezcla anterior. Ate el extremo y ponga a hervir unas cuantas horas. Voilà!

Se llama haggis y es el plato típico más famoso de Escocia. Lo adoran tanto que incluso se han inventado un torneo de lanzamiento de estos particulares embutidos.

Tarántulas fritas al estilo chopitos (Camboya)




Si ya es difícil -por no decir imposible- que un niño se coma el brócoli, imaginaos si le ponemos un plato de arañas fritas. Al menos a este lado del mundo.

Sin embargo, los nanos de algunos países asiáticos se las comen como chuches. Si vas a un mercado en Camboya las encontrarás por doquier.

Para los tailandeses y los indígenas de la selva venezolana, las tarántulas gigantes son como para nosotros el caviar. O el champagne del caro.

Del atún, hasta los ojazos (Japón)




Los japoneses son los más intrépidos en la cocina. Hemos aprendido a amar el sushi, pero eso es lo más lejos que puede llegar un occidental. Ellos, sin embargo, no tienen reparos en experimentar con nada.

Incluso tienen restaurantes cuya carta se basa en la mayonesa (en foundue, en batido…) u otros en los que los productos llegan vivos a la tabla del chef.

Pero una de sus costumbres más estrambóticas es la de comerse los ojos del atún, su pez más preciado. Sin cristalino, advierten. Que si no sería imposible de masticar. Sólo por eso, claro.

Kiviak o deconstrucción de pájaros macerados en foca zombie (Groenlandia)




Lo dejamos para el postre porque si os lo servimos de aperitivo dejáis de leer. Un último esfuerzo, antes de querer dejar de comer para siempre.

Los inuits de Groenlandia montan toda una producción para “cocinar” el kiviak, su más preciado manjar.

Pero no utilizan ollas, sino -tapaos las bocas- una foca. La foca -previamente vaciada- hace de recipiente donde maceran una cantidad ingente de aves (alcas) durante unos meses, a la espera de ser, ehem, degustadas.

Tiene sentido: cuando vives en un entorno tan hostil, has de procurarte una buena despensa para los meses de más frío.

¿Os habéis quedado con hambre…?

Imagen portada: Shankar S.

BBVA

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