Las 14 fotos más locas que, sí, sólo podrás ver en un metro de Japón

Las 14 fotos más locas que, sí, sólo podrás ver en un metro de Japón

5 Minutos de lectura

Si hay un país en el que al aterrizar notes un choque cultural, ése es Japón. Aunque pensemos que está muy occidentalizado y todo lo que quieras, la realidad es que tienen una serie de costumbres, formas de comportarse y de actuar que harán que te sientas como un sucio gaijin.

Pero el verdadero lugar donde el choque cultural deja de ser incómodo para convertirse en un auténtico espectáculo de situaciones, desde dantescas y perturbadoras hasta totalmente descacharrantes, es el metro

El japonés medio, tímido y tremendamente introvertido, se desata en el metro. 

Pierde la vergüenza y hasta las formas. De hecho, hay vagones que a primera hora de la mañana están destinados únicamente a mujeres, para evitar que con el tumulto, a más de uno se le vaya la mano y en lugar de agarrar la barra, agarren cualquier otra parte de la anatomía femenina. Sí. Así están por allí en el metro. Una auténtica jungla.

El ceporreo

Eso de que los japoneses se duermen según se sientan en el metro no es ninguna leyenda urbana. Es una verdad como un templo. Tú vas agarrado a la barra, intentando no pasarte de estación —porque eso es un sindiós— y ellos llegan, se sientan, y en cuestión de segundos la gente está sopa. ¡Totalmente dormidos! Ejemplo:

Y cuando crees que la cosa no podía empeorar y la chica de la derecha no podía pegarse más al lateral, va el buen hombre…

...y se nos desparrama aún más. Y a todo esto, completamente dormido. Y no será porque la publicidad del metro incite precisamente a tener dulces sueños.

Luego hay otro tipo de dormidos en el metro. Los que te incitan al mal. Los que despiertan tu peor parte, la que ha visto “Humor amarillo” de pequeño y lleva un Takeshi Kitano en miniatura que se pregunta: ¿y qué pasaría si dejo caer algo ahí dentro?

Pero estos son simples aficionados comparados con los que están por venir. Hay gente que tiene auténtico compromiso con dormir en el metro. Gente que realmente duerme como si lo fueran a prohibir. En posturas que a cualquier otro le garantizarían horas y cientos de euros en visitas al fisioterapeuta.

Gente para la cual dormir en el metro es un estilo de vida que puedes compartir con tus amigos…

… o disfrutar en soledad. Se nos va a descoyuntar.

Y si esto os ha parecido raro, no tiene nada comparado con aquella época en la que a los japoneses, muy apañados ellos, les dio por inventar artefactos que les facilitara esto de poder quedarse dormidos en el metro con comodidad. Bueno, con comodidad relativa, porque nos da la sensación de que más de uno podría haber muerto ahorcado con una facilidad pasmosa.

Unos usuarios un tanto peculiares

A todos nos encantaría ir a Japón y encontrarnos con un montón de geishas y maikos en el metro, verlas de cerca con todos esos detalles y esos kimonos tan preciosos… En lugar de eso te montas en el vagón y te encuentras de morros con esto. Ojo como tengas coulrofobia.

Ehm… Sí, prepárate para montarte en el metro, sentarte tranquilamente, dejar la mochila en el portaequipajes que suelen llevar encima de los asientos y que al levantar la mirada, te encuentres con… no sé, ¿un superhéroe? Parece más bien el primo manga de La Mosca.

Y para quitarnos el mal rollo del hombre enmascarado —que, al loro, está leyendo y no sabemos muy bien cómo—, nos quedamos con un auténtico héroe de los de verdad: Woody. El tío va clavado.

Pero otra de las cosas que seguramente también te llamará la atención si vas a Japón será la afición —u obsesión— por no pasear a los perros. No. ¡Los llevan en carritos de bebé! Y siempre queda la pregunta: ¿cómo hacen sus cosillas? ¡Ah! ¡Misterio!

Los estrujadores del metro de Tokio

Otra de esas cosas que piensas, “es una leyenda urbana”. Ojalá fuera un cuento. El metro de Tokio funciona increíblemente bien. La puntualidad es brutal, tienen un sistema que, aunque a priori parezca complejo —y en algunos casos lo es—, es muy efectivo y cubre la ciudad estupendamente.

Pero la hora punta es.... por decirlo delicadamente, como si las puertas del infierno se abrieran y los cuatro jinetes del Apocalipsis salieran a sembrar el caos por los vagones de todas las estaciones de la ciudad. ¿Primer día de rebajas? Multiplícalo por 1.000 y más o menos te acercas. ¿No nos crees?

Uno de los trabajos que tuvieron que implantar en la red de metro de Tokio fue el de “empujador”. No, no es lo que te piensas. Son trabajadores del metro que se dedican a, básicamente, lo que su propio nombre indica: empujar hasta que pueden cerrarse las puertas. Porque en tierra no se queda nadie. Da igual lo lleno que vaya. La estación tiene que quedarse vacía.

¿Y cómo queda la cosa una vez dentro? Pues tal que así. Algunos parecen encomendarse al Altísimo…

Otros lo pasan un poco peor…

… y otros, directamente, no tienen ganas de que encima les andes sacando la fotito de marras.

Fotos | Christophe Richard, Douglas LeMoine (1), (2), Peter Woodman, Cory Doctorow, Michael Wolf Photo, Mika, vanille.gb, josepferres, mrbig_muscle_z, manin_jiwaru_ (1), (2), (3), (4), (5), The World

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