Te sorprenderá lo que un audiolibro puede hacer a tu cerebro mientras estudias

Te sorprenderá lo que un audiolibro puede hacer a tu cerebro mientras estudias

9 Minutos de lectura

Seguro que en cuanto has leído “audiolibro” tu hipotálamo (porque ya has aprendido que ahí se almacenan los recuerdos) se ha puesto ‘a full’ repasando todos los capítulos en los que has visto a Homer Simpson escuchando un audiolibro: para enriquecer su vocabulario, por error (“¡Mosquis! Un sexteto cervecil”) o para evitar tener que leer el libro de su mujer (“El corazón arponeado”). Sus guionistas rizaron el rizo haciendo aparecer en la marquesina del cine de Springfield el título ‘Audiobook, the movie’. ¿Una forma de ridiculizar la idea?

Ellos siempre han funcionado como vehículo transmisor de la cultura popular americana. Porque en EEUU, donde los audiolibros vieron la luz por primera vez en la década de los años 30 en formato LP, han demostrado ser grandes lectores pasivos. Encaja con su filosofía del ‘double your time’: ser ‘multitask’ pero de una forma ordenada para ser más productivos.

Parece que allí la industria del audiolibro sigue en auge. Pero, ¿avalan la Pedagogía, la Psicología o la Neurología su eficacia? ¿Son útiles para la docencia o en cualquier caso nos permiten entender y comprender un texto igual que la palabra escrita? La ciencia es la única que puede decirlo a ciencia cierta.

Breve historia del audiolibro: de programa de ayuda a los veteranos de guerra a producto para los amantes del ‘double your time’

‘Los Simpson’: “Diatriba de un ama de casa loca” (15x10)

En 1935, la Royal National Institute of Blind People de Reino Unido creó un programa de apoyo dirigido a los veteranos de guerra que habían perdido la vista en el campo de batalla. La idea era proporcionarles recursos para poder disfrutar de la Literatura. “Typhoon”, de Joseph Conrad, narrada por Anthony McDonalds, un locutor de la BBC, se convirtió en el primer audiolibro de la historia.

Paralelamente en EEUU la American Foundation for the Blind comenzó a desarrollar la tecnología necesaria para su popularización con la misma finalidad que los ingleses. Una alternativa al braille, que en ningún caso se ideó pensando en que fueran los videntes los que cambiaran su forma de leer.

El formato ha ido evolucionando al compás de la tecnología

El formato ha ido evolucionando al compás de la tecnología, pasando de un soporte a otro: del gramófono a la cinta, de la cinta al CD y posteriormente a la digitalización, listo para ser descargado en MP3.

Según "Matrix", el siguiente paso sería el implante cerebral.

La popularidad de los audiolibros ha ido creciendo al ser usados con otros fines (pedagógico, de autoayuda o simplemente recreativo) y se han implantado en otras culturas, con más o menos éxito, en función de su idiosincrasia y de la implicación del mundo editorial.

En los años 80 alcanzaron la categoría de hit en los EEUU. Su obsesión por la productividad les llevó a adaptar el concepto a sus propósitos: convertirse en empresario o mejorar su negocio (los hay hasta que te prometen enseñarte en menos de un día), auto-ayudarse (aunque a ellos les gusta más llamarlo autodesarrollo o ‘hazte a ti mismo’) o aprender idiomas (hasta Swahili) mientras corren, conducen o van al gym.

Los Audiolibros se han convertido en una megaindustria valorada en 2,8 mil millones de dólares

A día de hoy no sólo siguen siendo populares en Norteamérica, es que se han convertido en una megaindustria valorada en 2,8 mil millones de dólares.

Normal que hayan despertado la curiosidad de toda una comunidad científica: neurólogos, psicólogos, sociolingüistas o pedagogos han sometido la idea a investigaciones y estudios que intentan descubrir si hay una base científica que avale su eficacia (o todo lo contrario) o si, después de todo, la experiencia puede ser igual de enriquecedora que leer tú mismo.


¿Qué opina la Ciencia?

Aunque aprender a leer empieza por aprender a escuchar y ambas habilidades se desarrollan en el hemisferio lógico (el izquierdo), hay que partir de la idea de que la vía por la que recibimos la información (o qué parte del cerebro trabaja en ello) puede influir en cómo la procesamos finalmente.

Es la idea de “el medio es el mensaje”, siendo el medio el cerebro y el mensaje, una palabra escrita o un sonido que el cerebro traduce en palabra. Partimos, de entrada, de actividades y procesos distintos.

al escuchar, la vista deja de centrarse en la palabra escrita para recoger otra información: la del entorno

¿Qué ocurre cuando escuchamos en lugar de leer?

Tanto escuchar como leer implica a las mismas redes neuronales, según han descubierto investigaciones como ésta. Pero al escuchar, la vista deja de centrarse en la palabra escrita para recoger otra información: la del entorno. Comprometemos un sentido menos en la actividad.

Y para el cerebro esto puede traducirse en “ruido”. No hablamos de sonidos, sino de la información que molesta, que no es útil, que perjudica a la comunicación.

En este sentido, nuestros propios pensamientos pueden convertirse en ruido. Es lo que prueba este estudio (aunque con un muestreo poco representativo, sólo 36 participantes) realizado por psicólogos de la Waterloo University (Ontario, Canadá).

En el experimento, los estudiantes se enfrentan a un pasaje del libro “A Short History of Nearly Everything”  (“Una breve historia de casi todo”, de Bill Bryson), de tres formas: leyéndolo en voz alta, escuchando a alguien leerlo y leyéndolo para sí mismos.

nuestra mente tiende más a vagar errante cuando escuchamos (se conoce como ‘mind-wandering’) que cuando leemos

Las diferentes pruebas y tests a los que fueron sometidos para evaluar la comprensión general del texto determinó que nuestra mente tiende más a vagar errante cuando escuchamos (lo llaman ‘mind-wandering’) que cuando leemos.

Al parecer, cuanto más comprometido esté nuestro cuerpo, literalmente, más capaces somos de mantener el foco de atención en las palabras, más información retenemos y más nos interesa.

Dado que además los audiolibros, en muchos casos, se escuchan al realizar otras actividades (hasta podrías, en teoría, pilotar el Halcón Milenario), se obliga al cerebro a simultanear entre ambas. Cosa que no acaba bien para una de las dos, como ya hemos visto. Aunque también depende de la dificultad del texto: no es lo mismo repetir palabras en portugués que intentar entender a Descartes.

O incluso profundizar en el significado de una metáfora, para lo que el cerebro activa otros sentidos, además del de escucha. Tres neurocientíficos han descubierto que las metáforas activan partes de la corteza cerebral en las que se producen las respuestas sensoriales: eres capaz de experimentar aquello que evoca la metáfora. O mejor dicho: tu cerebro experimenta con la sensación para que se procese a nivel cognitivo.

Estudiar filosofía o entender de poesía requiere que te entregues con algo más que los oídos

Así que en el primer caso (aprender un idioma) tal vez puedas hacerte un sandwich o practicar 'spinning' al mismo tiempo que asimilas lo que escuchas. Estudiar filosofía o entender de poesía requiere que te entregues con algo más que los oídos.

Por mucho que desarrolles tu habilidad para escuchar, cuando se trata de algo tan complejo puede que no retengas, comprendas y asimiles igual que si la misma información te llegara a través de los ojos y con toda tu atención (y tu cuerpo) entregados a la lectura.  

Editores, docentes y bibliotecarios: otro discurso

Las editoriales dan la réplica a estudios como el de los canadienses, argumentando que la eficacia de los audiolibros depende de que “eduquemos el oído”. Aprender a escuchar de tal forma que te cale, es una habilidad que has de desarrollar con la práctica.

Es algo que ha “probado” otra investigación en la que los participantes practicaban sesiones regulares de escucha. En este caso, mostraban una clara ventaja en aspectos como la capacidad de retención, la riqueza de vocabulario o la comprensión frente a los que sólo leían.

Claro que el estudio lo publica Tales2.go, una empresa que desarrolla material didáctico en formato digital para mejorar estas capacidades en los escolares. Cabe cuestionarse cuanto menos la independencia de dichas conclusiones.

son un recurso habitual en las terapias con niños con dislexia o con TDA (Trastorno por Déficit de Atención

Algunos artículos como éste (publicado por la American Association of School Librarians) defienden su eficacia en un contexto concreto: incentivar a lectores con dificultades para avanzar en el desarrollo de esta habilidad principalmente debido a la desmotivación que provoca una inadecuada comprensión lectora.

Tras finalizar el estudio al que hacen referencia, al ser preguntados, el 93% de los estudiantes de segundo grado que participaron activamente en el Club de Audiolibros de su escuela admitían sentir el gusanillo por la lectura que no sentían antes y se consideraban a sí mismos mejores lectores que antes de comenzar el programa.

Ese es el quid para que sea eficaz. Si el texto no llega a los niños cuando están en el camino de convertirse en lectores, les costará más desarrollar un hábito y convertirse en ávidos consumidores de libros cuando sean adultos. La comprensión lectora es el primer paso.

Especialmente en los casos más complicados, que pueden afectar al desarrollo de esta capacidad, y para los que los audiolibros demuestran ser útiles: son un recurso habitual en las terapias con niños con dislexia o con TDA (Trastorno por Déficit de Atención) .

También sirven, dicen, para escuchar novelas

“Juré no volver a leer porque Matar a un ruiseñor no me dio un solo consejo sobre cómo matarlos. Me enseñó a no juzgar a los hombres por el color de su piel, pero eso ¿de qué me sirve a mi?”

Homer Simpson

En todo caso, hasta ahora hemos hablado de aplicaciones con fines concretos: estudiar, superar una ruptura, mejorar como lectores o como hombres y mujeres de negocios. Pero la Literatura (así, con mayúsculas) es otra de las gallinas de los huevos de oro del audiolibro, especialmente en EEUU (de nuevo).

el mercado está bastante acotado: autores como Danielle Steel o John Grisham son los que mandan

Tal vez sea por el ahorro de tiempo (un libro de 300 páginas se escucha en siete horas).

El mercado está bastante acotado: autores como Danielle Steel o John Grisham son los que mandan, igual que suelen ser best-seller en papel.

O tal vez las novelas en audio triunfen entre el público lector/no lector de EEUU porque las editoriales se esfuerzan por promocionarlos. Penguin Random House Grupo Editorial, por ejemplo, ya distribuye online sus libros, en papel, en e-book o en formato audiolibro, éste último disponible a través de plataformas como Audioteka.es o Audible (del grupo Amazon). La empresa pertenece al grupo internacional Penguin Random House, mucho más asentados en EEUU.

Pero esta idea aún no ha calado tanto entre los lectores (convencidos o no) en España.

las editoriales se enfrentan, a la hora de lanzarse a esta aventura, a toda una masa de incrédulos

De ahí su iniciativa de darlos a conocer promocionando diez obras (archiconocidas, la mayoría) en once librerías repartidas por todo el país. Un experimento para que empecemos a perderle el miedo a la idea.

Lo malo es el precio: 15,95 euros por libros que valdrían la mitad si los compras de bolsillo.

Si los puristas del papel ya tienen reparos en pasarse al e-book, pese al ahorro de dinero y  espacio físico (no más tochos en el bolso o la mochila) está claro que las editoriales se enfrentan, a la hora de lanzarse a esta aventura, a toda una masa de incrédulos. Han de convencerles de que escuchar es el nuevo leer.

O al menos, el nuevo leer adaptado a un mundo de prisas en el que ya no puedes disfrutar del placer de desconectar totalmente metiéndote la cabeza entre dos cubiertas.

Fotos | Pexels en PixabayAudiobook HistoryChroniclebooks.comStockSnap en Pixabayvoltamax en Pixabay

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