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Los animales van a dejar de ser considerados objetos, pero no son los primeros: los árboles también tienen der
Los animales van a dejar de ser considerados objetos, pero no son los primeros: los árboles también tienen der

Su condición de seres vivos ya les hace merecedores de derechos básicos. Pero además, los árboles cumplen una función vital en nuestras ciudades; les debemos el aire que respiramos. Pese a ser tan importantes para nosotros, no son pocas las veces en las que los árboles han sufrido la falta de una ley unánime que legisle sus derechos.

Porque al final, todo depende de la voluntad de cada ayuntamiento, pueblo o nación de comprometerse a defenderlos. Y cuando esta voluntad no existe o no se materializa en ley, los árboles pueden quedar desprotegidos ante el avance imparable del progreso. No existe un documento de aplicación universal que blinde su derecho a la vida de forma unánime, pese a que están muy presentes en las conferencias internacionales sobre medio ambiente más importantes.

¿Qué pasa con los ejemplares centenarios que son parte del interés cultural de una ciudad? No en todos sitios se reconoce el valor del patrimonio vivo ni se redactan leyes específicas para protegerlo. Así surgen las uniones de vecinos en plataformas y asociaciones para prestar su voz a los árboles y evitar que un plan urbano arrase con ellos por culpa de una laguna legal. Afortunadamente, los árboles también tienen amigos y cuentan con la ayuda de héroes anónimos.

Las “Cartas Magnas” de los árboles urbanos

Nadie duda de la importancia de conservar el medio ambiente, excepto los negacionistas del cambio climático. Son muchos los textos, conferencias y tratados en los que se habla de la necesidad de regular políticas y leyes para cuidar de nuestro bien más preciado. Pero se trata el problema desde una perspectiva muy general. Después, cada ayuntamiento o comunidad autónoma concreta su propio plan para los jardines y el arbolado urbano.

La Constitución Española recoge entre los derechos y deberes fundamentales, en su artículo 45, el derecho de los españoles a “disfrutar de un medio ambiente adecuado para el desarrollo de la persona, así como el deber de conservarlo”. También se menciona el deber de las instituciones de “proteger y mejorar la calidad de la vida y defender y restaurar el medio ambiente”.

Los árboles cuentan con el respaldo de declaraciones a nivel europeo y nacional

Los árboles también cuentan con el respaldo de declaraciones a nivel europeo y nacional. Son escritos vitales para su supervivencia en las ciudades y pueblos y en los que quedan establecidos principios básicos.

En la Declaración Europea del Árbol Ornamental se reconoce su valor como parte del patrimonio, implicando a todos los ciudadanos en su defensa, haciéndoles entender que merecen el mismo respeto que un monumento. Pintarrajear el patrimonio arquitectónico y rajar un árbol para hacerse el romántico deberían ser considerados, según este texto, el mismo tipo de crimen. Monumentos y árboles son testigos de la historia de la ciudad por igual.

La Carta de Barcelona se redactó como una declaración del derecho al árbol en la ciudad, conscientes de que los árboles son “garantía de vida”. En este escrito se pide a las instituciones que asuman su responsabilidad, teniendo en cuenta a los árboles en sus políticas urbanísticas y con leyes adecuadas. Desde su publicación el 2 de junio de 1995, ya se han adherido a ella cuarenta municipios y ciudades; entre ellas, las más grandes del país: Barcelona, Madrid, Sevilla y Valencia.

Cada municipio o comunidad autónoma legisla (o no) la manera de cuidar a sus congéneres arbóreos

Formen o no parte de este “G-40” de la defensa del árbol, cada municipio o comunidad autónoma legisla (o no) la manera de cuidar a sus congéneres arbóreos: declarándolos de interés local, prohibiendo la tala o planteando la opción del trasplante cuando se interponen en una obra importante. Incluso se les llama en algunos textos legales “individuos vegetales arbóreos”: es una manera tácita de reconocer que tienen derecho a tener derechos, como el resto de la sociedad.

A falta de leyes…

La falta de unanimidad no es nada ante una legislación que ningunea a los árboles, dando prioridad a los proyectos de urbanización, caiga el árbol que caiga. Por poner solo un ejemplo: la gran reforma de la M-30, una de las principales arterias de Madrid, tumbó hace diez años un total de 8.981 árboles. De ellos, únicamente se salvaron 2.969 gracias al trasplante.

Para soluciones drásticas, cuando no queda otra que dejar sitio a la ciudad para que crezca, siempre queda confiar en la ingeniería: el progreso también ha supuesto contar con medios cada vez más avanzados para salvar a los árboles de una muerte segura.

Aunque la tala se compensó repoblando otras zonas de la capital, se perdieron ejemplares antiquísimos, como 140 acacias o 150 plátanos de enormes dimensiones y en algunos casos de doscientos años. Se tardarán unos sesenta o setenta años en conseguir que los nuevos árboles alcancen las dimensiones y la capacidad para filtrar el carbono del aire que tenían sus antecesores.

La intervención de los ciudadanos es vital, cuando la ley no protege a los árboles

Casi ha pasado a menor escala en Xinzo da Limia (Orense). Los plátanos de más de 120 años que dan la bienvenida a quienes acceden al pueblo por la Avenida de Celanova siguen hoy pendientes de un proyecto de reforma de la vía que, en un principio, no planteaba más opción que talarlos.

Se imponía el progreso: la vía necesita urgentemente una reforma, por cuestiones de seguridad. Y forma parte de un plan vital: dotar a esa parte del pueblo de sistemas básicos de urbanización (saneamiento, alumbrado, aceras, carril-bici). Pero lo que no se contemplaba era una necesidad igual de importante: mantener la arboleda en pie, por su valor ecológico, pero también, emocional.

La intervención de los ciudadanos es vital, cuando la ley no protege a los árboles. En el caso de Xinzo, el pueblo se ha implicado uniéndose a través de la plataforma Asociación Amigos das arbores da Xinzo da Limia. Su lucha ha conseguido que se reformule el plan urbanístico que esta vez, prometen desde las instituciones, respetará a sus vecinos más ancianos. “Son los árboles de nuestros abuelos”, se preocupan desde la plataforma. Esos 56 plátanos que llevan más de un siglo en el pueblo son un vínculo con su historia, con sus antepasados.

En Valencia fue el propio Ayuntamiento el que implicó a los habitantes de la ciudad gracias a su campaña ”Arborízate”. Las asociaciones de vecinos eligieron entre olivos, magnolias, eucaliptos y otras especies aquellos más ancianos, los mejor integrados en su paisaje arquitectónico o los que suponen auténticas rarezas botánicas y los apadrinaron, creando así un lazo afectivo y casi “familiar” con ellos.

Considerar a los árboles como estos “monumentos vivos” es esencial para que sigan ahí para la siguiente generación. Lo han hecho, por ejemplo, en Alicante, elaborando un "Catálogo de Árboles Monumentales de Interés Local” que asegura el derecho de sus árboles más longevos a seguir echando raíces muchos años más. O en Potries (Valencia), creando una ruta turística que pone en valor su patrimonio vivo, como una medida para conseguir su protección definitiva.

Fotos |Pexels/Baurzhan KadylzhanovPexels/Lucas AllmanniStock/vladans, Unsplash/Jānis Skribāns

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